Sobre los cielos de mi ciudad

No, no hay mucho a donde ir, ni a donde divertirse ni a donde bailar. Me he quejado siempre de las reducidas aceras de una sola persona, y del clima de verano que asciende cada año su temperatura, llámame dramática, y tal vez lo soy cuando ya no veo con los ojos de un niño este lugar donde crecí-que no puede ser tan malo después de todo-. No, el clima no es como lo describo.

Pero hay algo que nunca he podido entender, porque cuando la vida me pasa, acelerada por las calles donde camino a diario, y la rutina, y la muchedumbre y la noche me llega pasadas las ocho, y todo lo que uno tiene que hacer cuando se es adulto hay una pausa, un respiro que me viene cuando volteo la vista al cielo azul, y de forma automática el espíritu se me llena de alegría; es como sucede con los amantes del café con su café matinal, o como cuando te mandan flores, o un abrazo, es como cuando te dan el beso que siempre habías esperado, así me siento yo con el cielo, mi cielo… Pero sólo cuando es azul.

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