Borbollón

Camino al Borbollón



Las memorias de la infancia siempre se quedan volando bajo al ver una fotografía, percibir un olor peculiar, sentir como la brisa te acaricia la cara… Cuando uno crece y el tiempo ha partido para quedarse fijo en el pasado, te das cuenta de que eras realmente feliz y que el hecho de sentirte seguro era lo que te impulsaba a explorar y a vivir cada instante de tu vida como algo extraordinario. Algo diferente a estudiar, hacer tarea y deberes era ya considerado extraordinario.

En verano, algunos domingos solíamos ir con toda mi familia a un río de agua cristalina, en ese entonces el clima y la vegetación de la ciudad y del pueblo era muy acogedor, podías ver colores verdes de muchas tonalidades en el camino y encontrar a uno que otro animalito corriendo por las praderas. Las ventanas del automóvil siempre iban abajo y la cajuela estaba repleta de comida, ropa de baño y la llanta, la que se amarraba sobre la rama de un árbol para poder columpiarse y terminar aventándose hacia la parte más profunda del río, para unos niños de menos de ocho años era lo más divertido. Para mí, lo más divertido era ver a mi padre hacerlo, también era un niño, el pequeño Teo.

Sabes, lo que yo disfrutaba más era el trayecto cuando llegábamos a un punto donde las acacias, las jacarandas y los fresnos formaban un arco sobre la carretera, era como si todo se convirtiera en un bosque mágico y el olor de los jazmines fuera en realidad el olor de las hadas sobrevolando en forma de mariposas, y la luz del sol colándose por entre las hojas de los árboles eran los espíritus que cuidaban el lugar donde nacía el agua, jugueteando entre mis manos – no me culpo, crecí con una imaginación hecha para crear cualquier tipo de historias sin preocuparme por los límites de la realidad, hoy lo echo de menos -.

Había un paraje muy colorido, donde teníamos que pasar entre un poco de agua regándose por la carretera y hacíamos una parada entre una vendimia de todo tipo de fruta tropical donde los niños vecinos del pueblo correteaban los carros para vender lo más que podían, había una extraña sensación cuando todo eso ocurría, porque a pesar de la precariedad de las zonas marginadas de esos lugares, ellos siempre reían y jugaban como si nada importara, incluso trabajar era divertido para ayudar a sus padres, no me gusta romantizar la idea, ahora que soy adulto me doy cuenta de la situación real de mis pueblos, en ese entonces, con ocho años de edad, la perspectiva es un poco diferente, pero fue precisamente en esos años donde pude ver todo desde el mismo ángulo que lo veían los demás niños, que somos iguales totalmente, con las ganas de ser libres, como un ave de esos lares. Me gustaba mirarnos y sonreírnos, invitarles dulces, volver al coche y continuar el viaje.

La persona que más recuerdo de mi infancia es a mi padre, veo claramente cada una de nuestras anécdotas y la vida aventuresca que nos forjamos a todos los lugares a los que íbamos, especialmente en ese río, mi lugar favorito en la tierra cuando era niña, y nunca aprendí a nadar, quizá habría sido diferente…pero nunca me importó, tuve todo cuanto necesitaba para ser feliz, la persona más feliz.

Bueno amigos, he compartido un conjunto de los recuerdos más valiosos. Hace unos días estaba en el trabajo, en medio de cálculos y cumplimiento de normas miré una fotografía que una de mis amigas compartió en su teléfono, mostraba a un niño en una carretera vendiendo mangos oriundos de la costa chica de mi estado, les cuento que esa cosecha es deliciosa y en ese mismo instante se me vino este recuerdo a la mente, algo empolvado, pero no se imaginan la sensación dentro de mi cuerpo al recorrer cada uno de los detalles de esas memorias, fue como una máquina del tiempo en cuestión de segundos, y decidí escribirlo, para compartirlo, para recordarlo de nuevo cuando lo vuelva a leer, para decirte que el tiempo no regresa, y lo que tienes en este justo momento es todo, puede irse y pueden venir algo mejor, y es esa incertidumbre la que le da sentido a tu presente.
Recordar no es vivir en el pasado, recordar es reflexionar de dónde venimos y como nos construimos, recordar es amar quienes somos y agradecer a la vida lo mucho que nos ha dado.

Les muestro una fotografía de este río tan bonito, tan especial y sé que alguno de ustedes también tiene un recuerdo en un lugar así de lindo, o más. Un abrazo bien grandote.

Guerrero, Mx.

1 comentario en “Borbollón

  1. Muy bonito 👏 esas memorias son únicas.

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